El poeta en su obra

Azucena Plasencia

Descifrar el universo para cifrarlo de nuevo, dice Octavio Paz que es lo que hacen los poetas: en su colección de paisajes, macroinstalaciones sonoras, itinerantes algunas, el artista plástico Rafael Villares persigue y logra que la emoción, las reacciones sensoriales y perceptuales completen la obra. Y más: en esto, ver aquello, operación poética esencial, también al decir de Paz. Porque la realidad del arte, ya se sabe, es siempre otra realidad.

De nuevo el paisaje

Julia Portela Ponce de León

Toda la producción de Rafael Villares se propone establecer una suerte de reescritura de la noción de paisaje, o más bien, de su noción de paisaje. El término ha cruzado por una larga travesía en la Historia del Arte. Hemos sido testigos de proyectos que incorporaron procesos de una diversidad extraordinaria cuyas aportaciones fueron cambiando la mirada que se tenía del mismo.Esta vocación de renovaciónpresente en su trabajo revela la posibilidad de extrapolar a la realidad la representación bidimensional de un paisaje como una experiencia sensorial encumbrada.

Rafael Villares: Palos de vidente

Alex Fleites

Cuando en el 2006 Rafael Villares ideó la colección de montajes fotográficos Finisterre, estaba, sin saberlo, poniendo la piedra angular de lo que sería en lo adelante su trayectoria de búsquedas y hallazgos. Se trataba en esa ocasión de la imagen del propio artista pintando puertas –vale decir, abriendo puertas– sobre el muro del Malecón Habanero. Una metáfora que, por suficiente, no precisa desgranarse aquí.

Afirmado aún más en su ciudad, en tránsito hacia la persona y el artista que se ha empeñado en ser, registró también con la cámara aquellos ángulos inéditos de La Habana, un lugar de descarnada poesía donde el pasado se aferra y el futuro constantemente se niega a arribar. Resultado: las conmovedoras imágenes documentales de Donde la demasiada luz forma paredes con el polvo.

Rafael Villares / La poesía del paisaje / El placer de la contemplación.

por Gladys Garrote Rigau.

Para ser un gran paisajista es necesario ser un gran poeta – porque no se debe ser poeta, sino cuando se puede serlo grande."

José Martí

Aunque graduado de la especialidad de pintura en la Academia de San Alejandro, Rafael Villares no ha encontrado según él, nada que le despierte los deseos de pintar. En cambio se ha desarrollado en otras manifestaciones fundamentalmente en la fotografía que, en ocasiones, manipula digitalmente; y en la instalación, medio este por el que es más conocido. Como complemento a sus estudios académicos ha dedicado tiempo a espacios alternativos de formación : luego de ganar en el año 2006 el Primer Premio del 8vo Salón y Coloquio Internacional de Arte Digital, decidió profundizar en el aprendizaje del lenguaje fotográfico para lo que integró en el mismo año el Taller de Fotografía dirigido por el Lic. Jorge Luis Rodríguez.

Paisajes serenos para mentes atolondradas

Elvia Rosa Castro

Rafael es un sensualista empedernido. Hay en él una mezcla de espíritu romántico y sensualismo inglés y francés a lo Rousseau que lo inserta en una cierta new wave reivindicativa de lo natural a nivel artístico, y que tiene sus máximos exponentes en el continente asiático. Esa restitución de las sensaciones y vocación nostálgica por la naturaleza lo ha llevado a crear grandes y bellas instalaciones que a veces se convierten en líricos environments, pues sabe que “our relation to nature is a key to the creative process…”. Yo agregaría que la lección de totalidad brindada por la naturaleza.

Paisaje Itinerante

Yolanda Wood

Los paisajes suelen estar en un lugar. Su itinerancia resulta paradójica y controversial. Durante la XI Bienal de La Habana, un paisaje inusitado transitará por la ciudad. En esta ocasión su trayecto será por el asfáltico malecón habanero. Como paisaje dentro del paisaje, los asistentes a la bienal, y el público en general, disfrutarán de un espacio sombreado para protegerse del intenso sol que tendrá la ciudad por estos días. El artista Rafael Villares ha concebido algo inconcebible, una maceta viajera, monumental, con un árbol de laurel y un banco a la espera de los visitantes. Por su altura, otro panorama aparecerá ante la vista del observador y al penetrar la obra, él se hará parte de ese escenario para recrear un momento esencial en la historia del arte, la inserción del sujeto en el paisaje.